PP o cómo destruir la imagen de una comunidad en 2 telediarios y medio
//2 febrero 2016

No voy a hablar de corrupción en el Partido Popular. Ya de sobra sabéis todos lo que ha ocurrido, lo que han hecho y cómo nos han engañado.

De estos temas, se ha hablado por activa y por pasiva.

Sin embargo, hay un aspecto colateral de todos estos delitos menos tratado: la imagen de la Comunidad Valenciana, y las referencias que a ella hacen medios locales, nacionales e internacionales. Nuestra imagen como destino turístico. Esa imagen que hace no mucho tuvimos, a costa de mucha deuda, y ahora hemos perdido del todo.

El Mundo publicaba la pasada semana un artículo titulado ¿Son los valencianos más corruptos?  en el que se intentaba encontrar una explicación a la gran cantidad de casos de corrupción acaecidos en la Comunidad. ¿Acaso somos más corruptibles? ¿Está en nuestro ADN? ¿Es nuestra forma de entenderlo todo? ¿Es un tópico?

Es la primera consecuencia de otras muchas y de cómo la imagen de esta tierra comienza a estar denostada.

Y esto nos lleva a otra reflexión: cuando el PP llegó a la Generalitat en 1995, con un Eduardo Zaplana en el punto de mira, la Comunidad Valenciana no estaba en el mapa. O lo estaba, pero de otra forma. Los primeros años de gobierno popular trajeron diversas decisiones y proyectos (más o menos criticados, más  menos costosos) que por fin, esta vez sí, pusieron a la Comunidad Valenciana en el punto de mira.

Valencia, a partir del año 2000, estaba de moda. Durante varios años, las campañas de imagen y comunicación situaron a la Comunidad Valenciana como un destino turístico de ciudad, ocio, playa y gastronomía que hizo que la ciudad de Valencia, por ejemplo, se llenara de turistas extranjeros como nunca antes lo había estado. Y el turismo daba negocio a muchas empresas del sector.

A la Ciudad de las Artes, se sumó la remodelación de la Patacona, la Copa América, el gran Premio de F-1, la visita del Papa y otros tantos eventos que ayudaron a mejorar la imagen de la ciudad.

Una estupenda política de comunicación, si no fuera por todo lo que conllevaba detrás. Y de esto, de sobres, sobresueldos, corrupción y prebendas, había dicho que no iba a hablar.

Pero llegó Gurtel y los trajes y estropeó la fiesta. Y eso solo fue el principio del fin.

Y el resto de la historia ya la conocéis.

Hoy, la Comunidad Valenciana es tan conocida por su corrupción como por su gastronomía. Incluso existió el tour de la corrupción que visitaba los lugares en Valencia ligados a esta.

La maravillosa estrategia de comunicación e imagen que el PP desplegó en los primeros años, se fue al traste.

Y aquí está la moraleja: la buena imagen cuesta mucho conseguirla, hay que trabajarla poco a poco y paso a paso…y puede desaparecer de un plumazo.

Al PP le ha costado 20 años trazarla y en menos de 3 se la ha cargado.

Y ahora, ‘la paella y la corrupción, en Valencia como en ningún sitio’…

El PP ya no está al mando, pero Valencia sigue siendo tierra de corruptos.